REPUBLICA POPULAR CHINA: Superpotencia, comunismo y sistema de crédito social.

Lic. Agostina Salman

China es el país más poblado del mundo, con más de 1430 millones de habitantes, y es junto a Estados Unidos la mayor potencia económica global. Es un estado unipartidista, gobernado por el Partido Comunista desde 1949, tras la victoria del Ejército Popular de Liberación frente al ejército del Partido Nacionalista (KMT) en la Guerra Civil China.  El Partido Comunista chino es la columna vertebral del gigante asiático, sin él no podríamos comprender la historia moderna del país, y sus líderes han dirigido de manera hermética el imponente crecimiento y desarrollo de los últimos años. A su vez, resulta difícil comprender al partido político sin atender a las características de una sociedad que crece entre tradiciones milenarias y modernidad, con un nítido control estatal.

En las últimas décadas, China ha logrado transformar el tablero de juego de las relaciones internacionales con sus políticas. Claro ejemplo de ello fue la iniciativa económica -y ofensiva diplomática- de “la nueva ruta de la seda”. El proyecto One Belt, One Road (un cinturón, una ruta) es un movimiento geopolítico ambicioso que refleja también la conexión del pueblo chino con su historia y tradición; su identidad. Este tipo de acuerdos económicos han colocado a China en el escenario de las grandes potencias, los flujos comerciales han creado y fortalecido los vínculos con los países participantes y han potenciado su influencia en el mundo. Y, el consecuente buen visto de los líderes internacionales ha favorecido y facilitado el desarrollo de los proyectos de infraestructura china a lo largo de todo el planeta. La iniciativa planteada por Pekín va más allá de restaurar las rutas comerciales de la legendaria China Imperial: significa una red de acuerdos comerciales que trajo la construcción de puertos, aeropuertos, carreteras y gaseoductos, y la colaboración en los ámbitos de energía, finanzas, ciencia y tecnología, e investigación y desarrollo. Incluso prevé la creación de un área de integración económica, formalmente. Y, si las cifras de inversión anunciadas por China se toman al pie de la letra, nos encontramos ante la iniciativa de diplomacia económica más ambiciosa desde el Plan Marshall. Comunismo y capitalismo, o economía socialista de mercado (¿funcional?).

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INDIA: estratificación, niñez y matrimonios sin amor.

Lic. Agostina Salman

La República de la India es el segundo país más poblado del mundo después de China, con 1398 millones de habitantes. El gigante asiático es cuna de cultos y religiones, y si bien tiene una de las economías con mayor crecimiento de los últimos años, presenta altos niveles de pobreza, analfabetismo, carencia sanitaria, malnutrición y malarias. Culturalmente, la sociedad india está marcada por un sistema de castas, tribus y clases, arraigado en el hinduismo, y muy acostumbrado a la discriminación.

Mohandas Gandhi, más conocido como Mahatma (en sánscrito e hindi: mahā ‘grande’ y ātmā ‘alma’), fue el dirigente más destacado del movimiento independentista de la India, y en su desobediencia y resistencia civil no violenta abrió un camino de evidencias y desafíos. Garantizar derechos y libertades para todo tipo de clases sociales, tribus y castas, y la aceptación de las mismas, es quizás la tarea más difícil y urgente después de la independencia de la corona Británica en 1947.

Cuando la posición que ocupa una determinada casta se ve sumida en la degradación de la dignidad humana a lo largo de los años, tiende a convertirse en cultura, costumbre. Y ese es uno de los mayores peligros que residen en la sociedad india. El sistema de castas indio se trata de un sistema de estratificación social que fue evolucionando durante el tiempo; una compleja amalgama de grupos sociales, entre los que se encuentran los clanes llamados gotras, etnias y tribus llamados jatis, y la jerarquía social definida por uno de los textos antiguos, el Rigveda. Este sistema reparte tanto derechos como deberes y privilegios, con la creencia hindú de que todos los seres humanos somos creados de manera desigual.

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FEMINISMO ISLAMICO

Lic. Agostina Salman

Un acercamiento hacia un mundo más lejano que ajeno

          A simple y primer lectura, estas dos palabras parecen expresar ideas contradictorias: podemos visualizar liberación por un lado, y obediencia por el otro. No por nada, Wassyla Tamzali cataloga al concepto como oxímoron. La abogada, escritora y militante feminista, que ha liderado los programas de UNESCO por los derechos de las mujeres durante casi veinte años, sintetiza: «es incompatible ser feminista y llevar velo». Por otra parte, la jueza y demócrata iraní Shirín Ebadí, primer mujer musulmana en recibir el premio Nobel de la Paz, apunta a la necesidad de separar la religión musulmana del régimen islámico, para así poder tener una segunda lectura del concepto. En sus palabras, «es posible ser musulmana y feminista, pero feminismo islámico es equívoco». Entonces, ¿por qué hablamos de feminismo islámico?

             En tiempos de reivindicación global del rol de la mujer, de reconocer sus derechos y sus realidades per se, celebramos los espacios ganados y señalamos más fuerte aquellos que aún faltan conquistar. La mujer en el islam resulta, sin dudas, un debate al que debemos atrevernos. ¿Qué sabemos de ello?. Más allá de lo propiamente establecido por la religión, existe una serie de factores culturales, políticos y económicos que inciden en la concepción de la mujer dentro de la sociedad en la que vive. Por ello resulta tan importante, tanto para los dirigentes políticos a nivel mundial como para nosotros ciudadanos occidentales, abordar el papel de la mujer más allá de la coyuntura religiosa: cómo es que un Estado islámico está por sobre la misma religión en sí, y cómo ello afecta a los derechos de las mujeres. Existe un islamismo político, de Estado, que actúa en nombre de la fe y la convierte en ley.

            El islam es la religión monoteísta practicada por los musulmanes. Su dios es Alá, su profeta Mahoma y el Corán es su libro sagrado. Es la segunda religión más grande del mundo; y basándonos únicamente en la tendencia demográfica actual, puede superar ampliamente al cristianismo como la religión más practicada del planeta en el corto plazo. Musulmán es por tanto toda persona que practica la religión del islam, y no está directamente relacionado con el fundamentalismo islámico. El término islamismo es ampliamente debatido y arroja más de un significado: puede referirse a las creencias y preceptos de la religión, o puede referir a la ideología que subyace al fundamentalismo islámico -y político-, siendo ésta probablemente su acepción más generalizada en los medios de comunicación. Solemos oír o leer este concepto en referencia a la ideología política proclamada por los yihadistas, siendo este último un término occidental para hablar de las ramas más radicales y violentas del islamismo, que apoyan la guerra santa y el uso del terrorismo, dentro y fuera de su territorio de acción. Yihad, desde la semiótica, traduce esfuerzo, obligación, sumisión. Mientras el yihadismo proclama la yihad como ley en el nombre de Alá (la sharía), otros creyentes buscan desvincular ambos conceptos. En ciudades de todo el mundo, millones de musulmanes se han manifestado contra el terrorismo, y cadenas de televisión de Oriente Medio han lanzado campañas bajo el lema «no en mi nombre”, ante la violencia ejercida por los radicales. El islamismo radical atenta contra los derechos humanos, la democracia y la seguridad internacional. Pero entonces, ¿qué es lo que pasa con aquellas mujeres que viven en regímenes déspotas, como el autodenominado califato islámico?, ¿quienes hablan de feminismo dentro y fuera del islam?

                  El feminismo es definido por la RAE como un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. Si bien esta definición ha sido tema de debate entre diferentes autores, e incluso ha generado diferentes movimientos sociales y culturales, comprendemos que su origen parte de una desigualdad existente. Podemos resumirlo, para este análisis, en un conjunto heterogéneo de movimientos sociales, culturales, políticos y económicos, que tienen como objetivo la reivindicación de los derechos de las mujeres y su condición de iguales. Cuestiona la dominación y la violencia de los varones sobre las mujeres, y la asignación de roles sociales según el género. Sus logros a lo largo de la historia han sido nada más y nada menos que el voto femenino, la igualdad ante la ley y los derechos reproductivos, entre muchos otros. Pero esto no corre para todas por igual. Túnez, por ejemplo, es muchas veces señalado como «el país musulmán feminista»: allí las mujeres pueden votar, divorciarse, abortar, postularse a cargos públicos y exigir salarios equitativos; aunque se exime a los hombres de castigo si están casados con la mujer a la que violan o trafican para su explotación sexual, y las crecientes denuncias por violencia de género quedan sin efecto en su mayoría, aun siendo enmarcadas por la ley.

            La socióloga francesa Zahra Ali, en uno de sus trabajos, reconoce el feminismo islámico distinguiendo la lucha por la igualdad de géneros en países donde el islam es la religión mayoritaria. Esta lucha apunta a la relectura crítica del Corán, desautorizando la interpretación machista y secular del profeta Mahoma. También describe el compromiso feminista de musulmanas en Egipto, Irán, Marruecos, Siria, Indonesia, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Cabe destacar que es en las democracias occidentales donde las voces alcanzan más repercusión; y es que sin libertad de expresión e igualdad de acceso a las herramientas de difusión es muy difícil visibilizar las manifestaciones. En palabras de Shirín Ebadí, «si vuelvo a Irán iré a prisión, y encarcelada no les sirvo de nada». Así es como Occidente, desde su población femenina musulmana principalmente, toma protagonismo y hace propio -si no eco- el concepto de feminismo islámico. Para Sirin Adlbi Sibai, politóloga musulmana, existe un feminismo hegemónico que ha impuesto discursos sobre las mujeres blancas y occidentales, excluyendo a todas las mujeres de países tercermundistas, de otras culturas o civilizaciones. De hecho varios investigadores y académicos afines, reunidos en la ciudad de Fez (centro de Marruecos), le dieron entidad al concepto anteponiéndolo al occidental: el feminismo islámico busca los argumentos en la religión musulmana para defender la igualdad de género.

            La principal y enorme distinción, entonces, yace en la incompatibilidad entre el islam como religión y el feminismo como movimiento laico. No obstante, resulta interesante pensar en una posible reforma desde adentro. Quizás proponer el movimiento desde la fe sea el único medio posible para las mujeres musulmanas. Y es que la cultura musulmana ha sido condicionada por la religión como elemento dominante, se transmitió tanto en los hogares y familias como en las escuelas y comercios, y ha impregnado todos los aspectos de la vida cotidiana con gran apego y ortodoxia. Donde la vida es regulada por cuestiones de fe y preceptos religiosos, el laicismo vaciaría su identidad. No por ello dejaría de ser válido, y radical.

            La resistencia en el mundo árabe y el musulmán nace en el mismo nombre ‘feminismo’: es una palabra rechazada, que por remitir a Occidente se interpreta como portadora de ideas hostiles a su religión. El feminismo islámico toma ciertas bifurcaciones a la hora de tratar la revisión del texto sagrado, pero no deja de apuntar a un proyecto de reforma a través de la relectura y reinterpretación del Corán, donde teólogos y especialistas coinciden en que originalmente no hay establecidas distinciones entre hombres y mujeres, ni en la práctica de la fe ni en la jurisprudencia. Aún no se escucha la palabra «igualdad» en las escuelas y universidades musulmanas, pero comienza a hablarse de feminismo islámico entre algunas mujeres como una búsqueda de equilibrio en la sociedad, de justicia entre los dos sexos. Es decir, se cree en la posibilidad de lograr cambios más inmediatos en la vida ciudadana, pero quedaría relegado o postergado el rol de la mujer, por ejemplo, en sus hogares, o en sus elecciones más personales. Aquí es donde entra en jaque la discusión del velo, por citar un ejemplo. Para muchas mujeres es símbolo de opresión y privación de la libertad, mientras que para muchas otras -militantes del feminismo islámico- es protección, dignidad y femineidad. No obstante, resulta imprescindible reconocer los grises de este debate: las mujeres que viven bajo regímenes como los talibanes en Afganistán y visten burqa, son forzadas a hacerlo y no podrían si quiera opinar en voz alta al respecto, sin costarles esto la vida. Así es como llegamos a cuestionar qué es lo que hay detrás del velo, y comprendemos el poder de la elección: ejerce su libertad decidiendo vestirlo -aunque el debate reabra en cómo y por qué lo elije-.

Fotografía sustraída de una manifestación de mujeres en Saná, Yemen, en marzo de 2012. La gorra con la palabra «Future» (futuro) es un símbolo utilizado por la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel; aunque no he podido comprobar si es de ella la fotografía.

          En palabras de Noor Ammar Lamarty, «un símbolo que oprime en una parte del mundo no puede ser un símbolo de libertad en otro». Nacida y crecida en Tánger, con 21 años, de familia musulmana y creadora de una ONG en defensa de los derechos de la mujer; Noor ha respondido mis mensajes de forma muy amable e inspiradora. En su artículo La condena del feminismo islámico, afirma, clara y valiente: «el feminismo islámico es incapaz de reinventar el estatus quo de la mujer musulmana o la mujer en el islam, está perplejo por la identidad religiosa, es incapaz de evolucionar naturalmente al margen de la creencia o de la fe. Debemos entender lo político del islam, la vida regulada por un sistema religioso que obliga a sus ciudadanos a no desvincularse de esa politización, para mantenerla como un dispositivo de control que no es opcional y que corresponde por nacimiento. En el mundo musulmán las mujeres no hemos podido escoger ser musulmanas, y si bien dependiendo de la familia el grado de obligación es uno u otro, el sistema religioso ya no es sólo familiar sino comunitario, estatal y de carácter legislativo. Tenemos la responsabilidad de decirlo: el establishment religioso en el que cabe la “ley islámica”, es misógino, es machista, es patriarcal, nos coloca bajo la potestad y tutoría de no sólo un hombre, padre, hermano u esposo, sino también bajo la de la sociedad. Somos objeto de crítica, burla y consternación social. Todo lo que hacemos con nuestras vidas se convierte en político, en algo sobre lo que implantar una ley, si esta ya no existe. Nos invisibiliza, y hace lo mismo con nuestras problemáticas, nos convierte en ciudadanos de segunda categoría aun cuando somos la mitad de nuestra sociedad, nos niega el derecho a quejarnos, a decir que no incluso a una transformación física como la ablación del clítoris.»

            La población musulmana en el mundo es un grupo de países muy variados que van desde monarquías constitucionales como Marruecos a repúblicas democráticas como Turquía, pasando por regímenes teocráticos como Arabia Saudí y Pakistán. En Arabia Saudí las mujeres recién pudieron fumar en público o ir a estadios de fútbol meses atrás, bajo «el reformista» Príncipe Salman; mientras que en Pakistán las mujeres no pueden testificar ni estudiar, son forzadas a contraer matrimonio -y no pueden participar ni permanecer en la misma habitación donde procesa la declaración-, en su mayoría son víctimas de violencia física y sus rostros pueden ser quemados con ácido si son acusadas de «deshonrar» a sus familias. En Egipto se practica la mutilación genital femenina, y en Yemen hay matrimonios forzados con niñas de 8 años. Siendo gran parte de la población musulmana de África y Asia testigo de ocupaciones extranjeras, pobreza, guerras civiles, desigualdad social y acceso restringido a la educación, higiene y sanidad; se entiende que el feminismo llegue recientemente a la agenda. Y dondequiera que surja una crisis estatal o nacionalista, o una amenaza fronteriza a la cultura y religión, lo primero que sufre son los derechos de las mujeres.

            El 15 de agosto de 2021, el mundo vio flamear la bandera talibán en el palacio presidencial de Kabul, capital de Afganistán. Rápidamente las redes sociales se inundaron de imágenes de afganos intentando huir desesperadamente del país, y parte de la realidad de las mujeres afganas fue protagonista de las pantallas del mundo occidental. Cómo llegaron los talibanes a tomar el poder es quizás la pregunta que más leí. Cómo las abandonamos, es la que yo me hago antes de dormir. El terrorismo internacional continúa siendo ese actor internacional de poder real que llegó para quedarse, en la agenda de todos. Muchos apuntan a la toma de Kabul como la derrota de la democracia liberal, otros más bien señalan a Estados Unidos como el único responsable de un fracaso con repercusión mundial. Parece mentira que el origen de la palabra talibán venga del Corán y signifique estudiante. No se les permite estudiar lo que ellos deseen, ni El Corán tolera la desigualdad entre hombres y mujeres, ni la violación sistemática de los derechos humanos. Afganistán atraviesa una crisis humanitaria, de hambruna y desplazamiento donde, según cifras de la ACNUR y Human Rights Watch, más de 900.000 afganos han sido desplazados dentro de su propio país desde 2021; y la mayor parte son mujeres, niñas y niños.

Fotografía sustraída en Kabul, Afganistán, por fuerzas especiales europeas. Ampliamente utilizada en medios globales para ilustrar la vida de las mujeres en los países islámicos.

            Teólogas como Jolanda Guardi o Asma Barlas, en el libro Reseñas: teólogas, musulmanas, feministas, analizan el rol de la mujer en el islam a través de interpretaciones no patriarcales del Corán, destacando su beneficio para la coexistencia de la religión y la democracia en el mundo musulmán y fuera de este. Bajo este mismo lineamiento, la periodista española y musulmana Amanda Figueras, define al islam como inclusivo, si se lo logra despojar de la lectura patriarcal. En su libro Por qué el islam, introduce: «hay muchos libros que hablan del islam pero la mayoría son académicos y otros tantos están escritos por no musulmanes. El resultado: sus autores se acercan al islam como meros espectadores, cargados de sus propios prejuicios, desde los cuales construyen un discurso que, por lo general, no hace sino reforzarlos». De todas formas, coexistiría la poliginia; o la aleya que cita: «aquellas de las que temáis una conducta rebelde y obstinada, amonestadlas [primero], y [si no surte efecto] abandonadlas en el lecho y [en última instancia] golpeadlas. Pero si os obedecen no hagáis nada contra ellas». Asimismo, considerando factores como el analfabetismo y la impunidad frente a la violencia de género, el poder avasallante de las tradiciones resulta cada vez más difícil de contrarrestar.            

            En miras de concluir, podemos suponer al feminismo islámico como el intento de crear un espacio entre posiciones contrarias pero complementarias, que sabe que el terrorismo no es religión y busca revocar el pacto sociopolítico sin socavar la fe. En palabras de Valentine Moghadam, socióloga y jefa de la sección de «Igualdad de Géneros y Desarrollo» de UNESCO, «las posiciones extremas no permiten comprender el surgimiento de los movimientos reformistas». La puja conceptual será inevitable: la libertad es premisa fundamental del feminismo, y hemos mencionado aquí la imposibilidad legal de incluso elegir la propia religión. Queda por delante un camino de aceptación, hacia las diferentes posturas y propias vivencias del feminismo como movimiento social fruto de la desigualdad, y también de conciencia y difusión responsable de la información. Respecto a esto último, cabe señalar un aspecto positivo de la era de la sobre información: hoy sabemos, en tiempo real, qué sucede con nuestros pares del otro lado del mundo. El saber muchas veces no es suficiente, pero como dice el refrán no ocupa espacio, y es sin dudas un paso conciso y pujante de la demanda ciudadana hacia las agendas políticas de nuestros países.


EL BENEFICIO DE SER POBRES

Bahía Blanca no queda afuera del incremento en los índices de pobreza.
Autor: Tres Líneas Clipping
Fecha: 08 de Agosto 2016

El beneficio de ser pobres

Mayra Arena


Mi vieja es una mina marginal. Toda la vida vivió fuera del sistema y ahí quedará. Por un problema que tuvo al nacer, es muy pequeña: no llegó nunca al metro cincuenta, y por los muchos embarazos que tuvo ya se le cayeron varios dientes. Tiene 41, pero la falta de dientes sumada a su escasa estatura y marcada delgadez, hacen que aparente mil años más.

Mi vieja dejó la escuela porque era al pedo. Vos le explicás algo y no lo entiende. Incluso las cosas más simples, se las tenés que explicar despacio, varias veces. Si querés enseñarle a ir al chino de la vuelta lo mejor es acompañarla y que vaya, porque si le explicás el camino, no entiende. Mi vieja nunca prendió una computadora, ni la va a prender. Apenas sabe leer y escribir, y cuando digo “apenas” quiero decir, escribe como el orto y cuando lee no le queda nada. Tiene que leer algo simple varias veces para que le quede. A veces nos pide ayuda a las hijas grandes, y hay que explicarle despacio y con palabras claras, sino no entiende. Sigue leyendo EL BENEFICIO DE SER POBRES

LASA 2016 – Entrevista a la Dra. Lucena

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Murales de la Estación Callao, hoja de contactos, archivo Martín Reyna.

Entrevista a la Dra. Daniela Lucena:

Durante los últimos días de Mayo, ya casi 20 días atrás, tuve el privilegio de viajar a la Ciudad de New York para estar presente en la conferencia de LASA 2016 (Latin American Studies Association). LASA reúne a investigadores de toda Nuestra América para compartir una increíble variedad de ponencias sobre una variedad de temas políticos, sociales, culturales, económicos, y literarios, entre otros. El presente artículo para Proyectar Nación es solo una muestra reducida de los trabajos presentados en la conferencia que tuvo más de 250 presentaciones distribuidas en paneles de diferentes combinaciones temáticas.

Entre las ponencias observadas, al margen de la que yo mismo presenté, tuve el placer de conocer el trabajo de muchos docentes, intelectuales e investigadores argentinos. La Argentina estuvo muy bien representada por medio de docentes provenientes de la Universidad de Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, Universidad Nacional de Tres de Febrero, Universidad Nacional de San Martín, Universidad Católica Argentina, y Universidad Torcuato Di Tella, entre otras.

Entre las muchas presentaciones de argentin@s, quisiera centrar nuestra atención al trabajo presentado por la docente e investigadora Dra. Daniela Lucena, docente de la Universidad de Buenos Aires, titulado “Estación Callao: performance en el espacio público de la Ciudad de Buenos Aires durante los años 80”, fue parte de un panel denominado “Revueltas de la memoria: activismos y militancias pos-autoritarias en los teatros/performance de Argentina y Chile (Parte 1)”. Con la intención de “desmontar, desde la práctica y la intervención de performática o teatral, los contratos sociales que sustentan los Estados pos-autoritarias de Argentina [foco del trabajo de la Dra. Lucena, y que] indaga los enclaves de emergencia de performance ciudadana” (LASA).
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EL ARCHIÉPILAGO EN LLAMAS Y EUROPA HOY

Léon Benett [Public domain], via Wikimedia Commons

EL ARCHIPIÉLAGO EN LLAMAS Y EUROPA HOY

Proyectar Nación

Lic. Pablo Andrés Gambandé.


“Si ya no hay guerra, no hay batallas, si no hay batallas, no hay razzias, como dicen allá abajo en Bebería, ¡y si no hay razzias, se acabó la mercancía humana…!”

“Se la vio aparecer, como una religiosa de la Merced, en Trípoli, Argel, Túnez y hasta en los más ínfimos mercados de la costa beréber. En todas partes donde los prisioneros griegos habían sido vendidos, los rescataba con gran beneficio para sus amos. Allí donde los tratantes sacaban a pública subasta a aquellos rebaños de seres humanos…”

“…el desecho de los tres continentes que forman el litoral del Mediterráneo, que sólo vivían de la venta de los prisioneros hechos por los piratas y de su rescate por parte de los cristianos. En el siglo XVII, se contaban ya en tierra africana casi cuarenta mil esclavos de ambos sexos, arrebatados a Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Flandes, Holanda, Grecia, Hungría, Rusia, Polonia y España en todos los mares de Europa.”

Julio Verne, El Archipiélago en Llamas.

Grecia nos ha acostumbrado a su presencia a través de titulares y notas publicadas en diarios y televisión. Noticias sobre sus crisis -social, económica y política-, e imágenes de un pueblo que las está soportando. Con ellas en nuestras mentes, y con la cuestión de refugiados y migrantes que ingresan a todo Europa, sugerimos a nuestros lectores una novela de Julio Verne, a fin de acercarnos, a través de la realidad y la fantasía, la cultura y la experiencia contemporánea, de esa Nación y de toda la región del Mediterráneo. Sigue leyendo EL ARCHIÉPILAGO EN LLAMAS Y EUROPA HOY

¿QUIÉNES SON, REALMENTE, LOS VIOLENTOS DEL FÚTBOL ARGENTINO?

¿QUIÉNES SON, REALMENTE, LOS VIOLENTOS DEL FÚTBOL ARGENTINO?

Proyectar Nación

 Ildefonso Correas Apelanz (M.S./M.A.) & Agustín Correas

Cuando el árbitro Diego Abal pitó el inicio del partido que disputaran Vélez Sarsfield –en su estadio– y Aldosivi, no solo dio comienzo a dicho partido, sino también inició un nuevo torneo oficial de la AFA: el Torneo de Primera División 2015. Junto con el reinicio del fútbol oficial también volvían los hinchas (solo los locales) a la cancha, ejemplo mayor de la cultura del fútbol masculino –construida como la voz oficial de este deporte. Además de jugadores e hinchas, están “Fútbol para Todos”, los dirigentes –deportivos y políticos– y junto a estos últimos, reaparecieron las sombras que nunca desvanecen: los violentos de siempre que nos prohíben ver un estadio a puertas abiertas y para todos. Pero la pregunta entre líneas y expuesta para la reflexión de un fútbol que sea para todos, es ¿Quiénes son, realmente, los violentos del fútbol argentino?

violenciaargentina180308_ESA lo largo de este artículo, recorreremos no solo algunos de los incidentes que se han desarrollado desde la primera fecha hasta la séptima, forjando que varios partidos se jueguen durante la misma a puertas cerradas; sino también debatiremos posibles alternativas a la pregunta que hace hilo del remiendo dentro de un contexto deportivo, pero fundamentalmente social, que es complejo y no puede –ni debe– solucionarse con una única medida que lo abarque todo. Las conclusiones, en parte, serán palabras que ‘much@s futboler@s’[1] ya están discutiendo en diversos espacios sociales, culturales, políticos y deportivos de nuestro país. Nosotros no esperamos que este artículo abarque las innumerables razones que desatan la violencia del futbol, pero al menos intentaremos hilvanar una serie de preguntas y respuestas para asomarnos a una reflexión que pueda generar entre los visillos del fútbol argentino, una esperanza a preguntas como estas: ¿Es este fútbol de hoy, para todos? ¿A quienes beneficia la violencia? ¿Cuáles son las razones que llevan a estos ataques contra ‘el otro’? ¿Se puede solucionar esto cerrando los estadios, posponiendo el fútbol? ¿Cuáles son las alternativas? ¿Y si cerramos el estadio pero también apagamos las cámaras de televisión, qué pasaría?

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Proyectar Nación es una institución sin fines de lucro, nacida en mayo de 2014 y formada por internacionalistas, que tiene como objetivo la producción de contenido independiente a través de la investigación, la recopilación y verificación de datos, la redacción de información y el análisis prospectivo; tanto en asuntos domésticos como exteriores, en clave geopolítico.

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CONCEPTOS: Tradicionales y nuevos en relación al rol de China en el mundo

La visita de Xi Jinping a algunos países de América, durante 2014, junto al análisis de la publicación del denominado Libro Blanco Chino Sobre América Latina, publicado en 20 08, nos acerca a ciertos conceptos empleados por la política exterior china que, de identificarlos y analizarlos, nos permitirá comprender más precisamente los convenios bilaterales y las múltiples noticias y opiniones.
Al leer los conceptos debemos considerar tres aspectos comunes a todos los conceptos analizados. En primer lugar, que existen carencias de capacidades lingüísticas para traducir de forma directa de un idioma a otro, la cual ha sido salvada mediante la intermediación del  idioma inglés. Comprendemos, entonces, que los conceptos chinos intermediados por el idioma inglés podrán variar o reafirmarse en el tiempo, según haya sido su sentido original. El segundo aspecto común se refiere al tiempo de la relación cooperativa. La cooperación china ofrecida a los países latinoamericanos ha sido prevista para un determinado período del futuro. Sin embargo, hasta el momento no hemos encontrado una respuesta que permita identificar dicho periodo de tiempo. El tercer aspecto destaca el empleo claro y definido de sus intereses en política exterior. Intereses que pueden ser definidos por su alcance, es decir: mundiales, regionales (hacia América Latina) o bilaterales.
Advertidos entonces sobre los aspectos comunes que traspasan a los conceptos, comenzaremos a presentarlos:

CONCEPTOS Tradicionales y nuevos en relación al rol de China en el mundo