48 mujeres violadas por día y una guerra que no cesa.
Lic. Agostina Salman
Imagen publicada por la Cruz Roja Internacional en una de sus misiones de ayuda a las víctimas de la crisis alimentaria y desnutrición. 2019.
En los últimos días, el nombre del país africano reapareció en algunas portadas de noticias, a raíz del asesinato del embajador italiano Lucca Attanasio, en ese momento a cargo de una misión de Naciones Unidas. Es común que en Occidente las noticias sobre África lleguen acompañadas de imágenes sangrientas, ¿pero logramos identificar el contexto u origen de esa escala de violencia?
Diplomático italiano asesinado, unos días antes – Diario online La Vanguardia
La primera fase colonizadora de África se sitúa en el siglo XV, por parte de las Coronas de Castilla y Portugal, quienes se establecieron en las costas del Magreb. En el siglo XIX el norte de África permanecía en gran medida bajo control Otomano, aunque poco a poco fue expulsado por Francia y Reino Unido, que formaron importantes colonias y protectorados en Argelia y Egipto, respectivamente. Mientras tanto, al sur del continente, el Reino Unido se había hecho con la Colonia del Cabo, bajo control neerlandés. Los bóeres -descendientes de los colonos neerlandeses y franceses- fundaron nuevas repúblicas huyendo del control británico, pero el Imperio británico no las reconoció y tras las Guerras de los Bóeres las anexó, dando lugar a Sudáfrica. De forma similar ocurrió con todo el territorio africano, cuyas fronteras interinas dibujan una suerte de tatetí en la repartición de tierras por las entonces colonias europeas.
China es el país más poblado del mundo, con más de 1430 millones de habitantes, y es junto a Estados Unidos la mayor potencia económica global. Es un estado unipartidista, gobernado por el Partido Comunista desde 1949, tras la victoria del Ejército Popular de Liberación frente al ejército del Partido Nacionalista (KMT) en la Guerra Civil China. El Partido Comunista chino es la columna vertebral del gigante asiático, sin él no podríamos comprender la historia moderna del país, y sus líderes han dirigido de manera hermética el imponente crecimiento y desarrollo de los últimos años. A su vez, resulta difícil comprender al partido político sin atender a las características de una sociedad que crece entre tradiciones milenarias y modernidad, con un nítido control estatal.
En las últimas décadas, China ha logrado transformar el tablero de juego de las relaciones internacionales con sus políticas. Claro ejemplo de ello fue la iniciativa económica -y ofensiva diplomática- de “la nueva ruta de la seda”. El proyecto One Belt, One Road (un cinturón, una ruta) es un movimiento geopolítico ambicioso que refleja también la conexión del pueblo chino con su historia y tradición; su identidad. Este tipo de acuerdos económicos han colocado a China en el escenario de las grandes potencias, los flujos comerciales han creado y fortalecido los vínculos con los países participantes y han potenciado su influencia en el mundo. Y, el consecuente buen visto de los líderes internacionales ha favorecido y facilitado el desarrollo de los proyectos de infraestructura china a lo largo de todo el planeta. La iniciativa planteada por Pekín va más allá de restaurar las rutas comerciales de la legendaria China Imperial: significa una red de acuerdos comerciales que trajo la construcción de puertos, aeropuertos, carreteras y gaseoductos, y la colaboración en los ámbitos de energía, finanzas, ciencia y tecnología, e investigación y desarrollo. Incluso prevé la creación de un área de integración económica, formalmente. Y, si las cifras de inversión anunciadas por China se toman al pie de la letra, nos encontramos ante la iniciativa de diplomacia económica más ambiciosa desde el Plan Marshall. Comunismo y capitalismo, o economía socialista de mercado (¿funcional?).
La República de la India es el segundo país más poblado del mundo después de China, con 1398 millones de habitantes. El gigante asiático es cuna de cultos y religiones, y si bien tiene una de las economías con mayor crecimiento de los últimos años, presenta altos niveles de pobreza, analfabetismo, carencia sanitaria, malnutrición y malarias. Culturalmente, la sociedad india está marcada por un sistema de castas, tribus y clases, arraigado en el hinduismo, y muy acostumbrado a la discriminación.
Mohandas Gandhi, más conocido como Mahatma (en sánscrito e hindi: mahā ‘grande’ y ātmā ‘alma’), fue el dirigente más destacado del movimiento independentista de la India, y en su desobediencia y resistencia civil no violenta abrió un camino de evidencias y desafíos. Garantizar derechos y libertades para todo tipo de clases sociales, tribus y castas, y la aceptación de las mismas, es quizás la tarea más difícil y urgente después de la independencia de la corona Británica en 1947.
Cuando la posición que ocupa una determinada casta se ve sumida en la degradación de la dignidad humana a lo largo de los años, tiende a convertirse en cultura, costumbre. Y ese es uno de los mayores peligros que residen en la sociedad india. El sistema de castas indio se trata de un sistema de estratificación social que fue evolucionando durante el tiempo; una compleja amalgama de grupos sociales, entre los que se encuentran los clanes llamados gotras, etnias y tribus llamados jatis, y la jerarquía social definida por uno de los textos antiguos, el Rigveda. Este sistema reparte tanto derechos como deberes y privilegios, con la creencia hindú de que todos los seres humanos somos creados de manera desigual.
Nagorno Karabaj es una región entre Armenia y Azerbaiyán cuyo nombre puede traducirse como “Jardín negro en las montañas”. De iure, pertenece a Azerbaiyán, pero de facto, está ocupada por Armenia. La comunidad armenia que ocupó la zona llevó adelante un referéndum en 1991, tras la disolución de la Unión Soviética, que resultó en una declaración de independencia y la instauración de la llamada República de Artsaj. Al día de la fecha, ningún Estado soberano miembro de las Naciones Unidas la reconoce. Pero esta declaración de independencia dio origen a hostilidades y eventualmente a una guerra entre Armenia y Azerbaiyán que duró hasta 1994.
En resumen, hasta ahora: Nagorno Karabaj es un territorio azerí, ocupado de facto por Armenia. Azerbaiyán reclama el territorio en base al principio de integridad territorial; la República de Artsaj reclama el principio de autodeterminación de los pueblos, resuelto con un referéndum. Azerbaiyán no reconoce tal referéndum ni tal principio porque el territorio fue ocupado de facto. No sé a ustedes, pero a mí el panorama me suena.
El
vocablo Brexit deviene de dos
palabras inglesas: Britain (Gran
Bretaña) y exit (salida). Britain refiere al país de países: United Kingdom (Reino Unido) of Great Britain (de Inglaterra,
Escocia y Gales) and Nothern Ireland
(e Irlanda del Norte). Ahora bien, de dónde es que salen estos cuatro países
independientes: de la Unión Europea. ¿Cómo? A través de un referéndum o
plebiscito, sometiendo la decisión al voto popular. Cuándo y por qué, entre
otras cosas, es lo que conoceremos a continuación.
El
término Brexit inunda las redes
sociales y espacios periodísticos, pero no es algo precisamente actual: se
habla sobre una salida de Gran Bretaña desde su misma pertenencia a la
Comunidad Económica Europea en 1973 -16 años después de que fuera creada con el
Tratado de Roma en 1957-. Dos años después de la adhesión a la entonces CEE,
Reino Unido ya había celebrado un referéndum, el primero en la historia del
país, sobre su permanencia o no en la institución. En ese entonces, la gran mayoría
de la población apoyó la idea de continuar. Más tarde, la frase «queremos
nuestro dinero de vuelta» trascendería a la historia en boca de Margaret
Thatcher, quien pidió a la CEE que ajustara las contribuciones de su país o
retendría pagos de los impuestos al valor agregado en la circulación de
mercaderías.
Un acercamiento hacia un mundo más lejano que ajeno
A simple y primer lectura, estas dos palabras parecen expresar ideas contradictorias: podemos visualizar liberación por un lado, y obediencia por el otro. No por nada, Wassyla Tamzali cataloga al concepto como oxímoron. La abogada, escritora y militante feminista, que ha liderado los programas de UNESCO por los derechos de las mujeres durante casi veinte años, sintetiza: «es incompatible ser feminista y llevar velo». Por otra parte, la jueza y demócrata iraní Shirín Ebadí, primer mujer musulmana en recibir el premio Nobel de la Paz, apunta a la necesidad de separar la religión musulmana del régimen islámico, para así poder tener una segunda lectura del concepto. En sus palabras, «es posible ser musulmana y feminista, pero feminismo islámico es equívoco». Entonces, ¿por qué hablamos de feminismo islámico?
En tiempos de reivindicación global del rol de la mujer, de reconocer sus derechos y sus realidades per se, celebramos los espacios ganados y señalamos más fuerte aquellos que aún faltan conquistar. La mujer en el islam resulta, sin dudas, un debate al que debemos atrevernos. ¿Qué sabemos de ello?. Más allá de lo propiamente establecido por la religión, existe una serie de factores culturales, políticos y económicos que inciden en la concepción de la mujer dentro de la sociedad en la que vive. Por ello resulta tan importante, tanto para los dirigentes políticos a nivel mundial como para nosotros ciudadanos occidentales, abordar el papel de la mujer más allá de la coyuntura religiosa: cómo es que un Estado islámico está por sobre la misma religión en sí, y cómo ello afecta a los derechos de las mujeres. Existe un islamismo político, de Estado, que actúa en nombre de la fe y la convierte en ley.
El islam es la religión monoteísta practicada por los musulmanes. Su dios es Alá, su profeta Mahoma y el Corán es su libro sagrado. Es la segunda religión más grande del mundo; y basándonos únicamente en la tendencia demográfica actual, puede superar ampliamente al cristianismo como la religión más practicada del planeta en el corto plazo. Musulmán es por tanto toda persona que practica la religión del islam, y no está directamente relacionado con el fundamentalismo islámico. El término islamismo es ampliamente debatido y arroja más de un significado: puede referirse a las creencias y preceptos de la religión, o puede referir a la ideología que subyace al fundamentalismo islámico -y político-, siendo ésta probablemente su acepción más generalizada en los medios de comunicación. Solemos oír o leer este concepto en referencia a la ideología política proclamada por los yihadistas, siendo este último un término occidental para hablar de las ramas más radicales y violentas del islamismo, que apoyan la guerra santa y el uso del terrorismo, dentro y fuera de su territorio de acción. Yihad, desde la semiótica, traduce esfuerzo, obligación, sumisión. Mientras el yihadismo proclama la yihad como ley en el nombre de Alá (la sharía), otros creyentes buscan desvincular ambos conceptos. En ciudades de todo el mundo, millones de musulmanes se han manifestado contra el terrorismo, y cadenas de televisión de Oriente Medio han lanzado campañas bajo el lema «no en mi nombre”, ante la violencia ejercida por los radicales. El islamismo radical atenta contra los derechos humanos, la democracia y la seguridad internacional. Pero entonces, ¿qué es lo que pasa con aquellas mujeres que viven en regímenes déspotas, como el autodenominado califato islámico?, ¿quienes hablan de feminismo dentro y fuera del islam?
El feminismo es definido por la RAE como un principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. Si bien esta definición ha sido tema de debate entre diferentes autores, e incluso ha generado diferentes movimientos sociales y culturales, comprendemos que su origen parte de una desigualdad existente. Podemos resumirlo, para este análisis, en un conjunto heterogéneo de movimientos sociales, culturales, políticos y económicos, que tienen como objetivo la reivindicación de los derechos de las mujeres y su condición de iguales. Cuestiona la dominación y la violencia de los varones sobre las mujeres, y la asignación de roles sociales según el género. Sus logros a lo largo de la historia han sido nada más y nada menos que el voto femenino, la igualdad ante la ley y los derechos reproductivos, entre muchos otros. Pero esto no corre para todas por igual. Túnez, por ejemplo, es muchas veces señalado como «el país musulmán feminista»: allí las mujeres pueden votar, divorciarse, abortar, postularse a cargos públicos y exigir salarios equitativos; aunque se exime a los hombres de castigo si están casados con la mujer a la que violan o trafican para su explotación sexual, y las crecientes denuncias por violencia de género quedan sin efecto en su mayoría, aun siendo enmarcadas por la ley.
La socióloga francesa Zahra Ali, en uno de sus trabajos, reconoce el feminismo islámico distinguiendo la lucha por la igualdad de géneros en países donde el islam es la religión mayoritaria. Esta lucha apunta a la relectura crítica del Corán, desautorizando la interpretación machista y secular del profeta Mahoma. También describe el compromiso feminista de musulmanas en Egipto, Irán, Marruecos, Siria, Indonesia, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Cabe destacar que es en las democracias occidentales donde las voces alcanzan más repercusión; y es que sin libertad de expresión e igualdad de acceso a las herramientas de difusión es muy difícil visibilizar las manifestaciones. En palabras de Shirín Ebadí, «si vuelvo a Irán iré a prisión, y encarcelada no les sirvo de nada». Así es como Occidente, desde su población femenina musulmana principalmente, toma protagonismo y hace propio -si no eco- el concepto de feminismo islámico. Para Sirin Adlbi Sibai, politóloga musulmana, existe un feminismo hegemónico que ha impuesto discursos sobre las mujeres blancas y occidentales, excluyendo a todas las mujeres de países tercermundistas, de otras culturas o civilizaciones. De hecho varios investigadores y académicos afines, reunidos en la ciudad de Fez (centro de Marruecos), le dieron entidad al concepto anteponiéndolo al occidental: el feminismo islámico busca los argumentos en la religión musulmana para defender la igualdad de género.
La principal y enorme distinción, entonces, yace en la incompatibilidad entre el islam como religión y el feminismo como movimiento laico. No obstante, resulta interesante pensar en una posible reforma desde adentro. Quizás proponer el movimiento desde la fe sea el único medio posible para las mujeres musulmanas. Y es que la cultura musulmana ha sido condicionada por la religión como elemento dominante, se transmitió tanto en los hogares y familias como en las escuelas y comercios, y ha impregnado todos los aspectos de la vida cotidiana con gran apego y ortodoxia. Donde la vida es regulada por cuestiones de fe y preceptos religiosos, el laicismo vaciaría su identidad. No por ello dejaría de ser válido, y radical.
La resistencia en el mundo árabe y el musulmán nace en el mismo nombre ‘feminismo’: es una palabra rechazada, que por remitir a Occidente se interpreta como portadora de ideas hostiles a su religión. El feminismo islámico toma ciertas bifurcaciones a la hora de tratar la revisión del texto sagrado, pero no deja de apuntar a un proyecto de reforma a través de la relectura y reinterpretación del Corán, donde teólogos y especialistas coinciden en que originalmente no hay establecidas distinciones entre hombres y mujeres, ni en la práctica de la fe ni en la jurisprudencia. Aún no se escucha la palabra «igualdad» en las escuelas y universidades musulmanas, pero comienza a hablarse de feminismo islámico entre algunas mujeres como una búsqueda de equilibrio en la sociedad, de justicia entre los dos sexos. Es decir, se cree en la posibilidad de lograr cambios más inmediatos en la vida ciudadana, pero quedaría relegado o postergado el rol de la mujer, por ejemplo, en sus hogares, o en sus elecciones más personales. Aquí es donde entra en jaque la discusión del velo, por citar un ejemplo. Para muchas mujeres es símbolo de opresión y privación de la libertad, mientras que para muchas otras -militantes del feminismo islámico- es protección, dignidad y femineidad. No obstante, resulta imprescindible reconocer los grises de este debate: las mujeres que viven bajo regímenes como los talibanes en Afganistán y visten burqa, son forzadas a hacerlo y no podrían si quiera opinar en voz alta al respecto, sin costarles esto la vida. Así es como llegamos a cuestionar qué es lo que hay detrás del velo, y comprendemos el poder de la elección: ejerce su libertad decidiendo vestirlo -aunque el debate reabra en cómo y por qué lo elije-.
Fotografía sustraída de una manifestación de mujeres en Saná, Yemen, en marzo de 2012. La gorra con la palabra «Future» (futuro) es un símbolo utilizado por la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel; aunque no he podido comprobar si es de ella la fotografía.
En palabras de Noor Ammar Lamarty, «un símbolo que oprime en una parte del mundo no puede ser un símbolo de libertad en otro». Nacida y crecida en Tánger, con 21 años, de familia musulmana y creadora de una ONG en defensa de los derechos de la mujer; Noor ha respondido mis mensajes de forma muy amable e inspiradora. En su artículo La condena del feminismo islámico, afirma, clara y valiente: «el feminismo islámico es incapaz de reinventar el estatus quo de la mujer musulmana o la mujer en el islam, está perplejo por la identidad religiosa, es incapaz de evolucionar naturalmente al margen de la creencia o de la fe. Debemos entender lo político del islam, la vida regulada por un sistema religioso que obliga a sus ciudadanos a no desvincularse de esa politización, para mantenerla como un dispositivo de control que no es opcional y que corresponde por nacimiento. En el mundo musulmán las mujeres no hemos podido escoger ser musulmanas, y si bien dependiendo de la familia el grado de obligación es uno u otro, el sistema religioso ya no es sólo familiar sino comunitario, estatal y de carácter legislativo. Tenemos la responsabilidad de decirlo: el establishment religioso en el que cabe la “ley islámica”, es misógino, es machista, es patriarcal, nos coloca bajo la potestad y tutoría de no sólo un hombre, padre, hermano u esposo, sino también bajo la de la sociedad. Somos objeto de crítica, burla y consternación social. Todo lo que hacemos con nuestras vidas se convierte en político, en algo sobre lo que implantar una ley, si esta ya no existe. Nos invisibiliza, y hace lo mismo con nuestras problemáticas, nos convierte en ciudadanos de segunda categoría aun cuando somos la mitad de nuestra sociedad, nos niega el derecho a quejarnos, a decir que no incluso a una transformación física como la ablación del clítoris.»
La población musulmana en el mundo es un grupo de países muy variados que van desde monarquías constitucionales como Marruecos a repúblicas democráticas como Turquía, pasando por regímenes teocráticos como Arabia Saudí y Pakistán. En Arabia Saudí las mujeres recién pudieron fumar en público o ir a estadios de fútbol meses atrás, bajo «el reformista» Príncipe Salman; mientras que en Pakistán las mujeres no pueden testificar ni estudiar, son forzadas a contraer matrimonio -y no pueden participar ni permanecer en la misma habitación donde procesa la declaración-, en su mayoría son víctimas de violencia física y sus rostros pueden ser quemados con ácido si son acusadas de «deshonrar» a sus familias. En Egipto se practica la mutilación genital femenina, y en Yemen hay matrimonios forzados con niñas de 8 años. Siendo gran parte de la población musulmana de África y Asia testigo de ocupaciones extranjeras, pobreza, guerras civiles, desigualdad social y acceso restringido a la educación, higiene y sanidad; se entiende que el feminismo llegue recientemente a la agenda. Y dondequiera que surja una crisis estatal o nacionalista, o una amenaza fronteriza a la cultura y religión, lo primero que sufre son los derechos de las mujeres.
El 15 de agosto de 2021, el mundo vio flamear la bandera talibán en el palacio presidencial de Kabul, capital de Afganistán. Rápidamente las redes sociales se inundaron de imágenes de afganos intentando huir desesperadamente del país, y parte de la realidad de las mujeres afganas fue protagonista de las pantallas del mundo occidental. Cómo llegaron los talibanes a tomar el poder es quizás la pregunta que más leí. Cómo las abandonamos, es la que yo me hago antes de dormir. El terrorismo internacional continúa siendo ese actor internacional de poder real que llegó para quedarse, en la agenda de todos. Muchos apuntan a la toma de Kabul como la derrota de la democracia liberal, otros más bien señalan a Estados Unidos como el único responsable de un fracaso con repercusión mundial. Parece mentira que el origen de la palabra talibán venga del Corán y signifique estudiante. No se les permite estudiar lo que ellos deseen, ni El Corán tolera la desigualdad entre hombres y mujeres, ni la violación sistemática de los derechos humanos. Afganistán atraviesa una crisis humanitaria, de hambruna y desplazamiento donde, según cifras de la ACNUR y Human Rights Watch, más de 900.000 afganos han sido desplazados dentro de su propio país desde 2021; y la mayor parte son mujeres, niñas y niños.
Fotografía sustraída en Kabul, Afganistán, por fuerzas especiales europeas. Ampliamente utilizada en medios globales para ilustrar la vida de las mujeres en los países islámicos.
Teólogas como Jolanda Guardi o Asma Barlas, en el libro Reseñas: teólogas, musulmanas, feministas, analizan el rol de la mujer en el islam a través de interpretaciones no patriarcales del Corán, destacando su beneficio para la coexistencia de la religión y la democracia en el mundo musulmán y fuera de este. Bajo este mismo lineamiento, la periodista española y musulmana Amanda Figueras, define al islam como inclusivo, si se lo logra despojar de la lectura patriarcal. En su libro Por qué el islam, introduce: «hay muchos libros que hablan del islam pero la mayoría son académicos y otros tantos están escritos por no musulmanes. El resultado: sus autores se acercan al islam como meros espectadores, cargados de sus propios prejuicios, desde los cuales construyen un discurso que, por lo general, no hace sino reforzarlos». De todas formas, coexistiría la poliginia; o la aleya que cita: «aquellas de las que temáis una conducta rebelde y obstinada, amonestadlas [primero], y [si no surte efecto] abandonadlas en el lecho y [en última instancia] golpeadlas. Pero si os obedecen no hagáis nada contra ellas». Asimismo, considerando factores como el analfabetismo y la impunidad frente a la violencia de género, el poder avasallante de las tradiciones resulta cada vez más difícil de contrarrestar.
En miras de concluir, podemos suponer al feminismo islámico como el intento de crear un espacio entre posiciones contrarias pero complementarias, que sabe que el terrorismo no es religión y busca revocar el pacto sociopolítico sin socavar la fe. En palabras de Valentine Moghadam, socióloga y jefa de la sección de «Igualdad de Géneros y Desarrollo» de UNESCO, «las posiciones extremas no permiten comprender el surgimiento de los movimientos reformistas». La puja conceptual será inevitable: la libertad es premisa fundamental del feminismo, y hemos mencionado aquí la imposibilidad legal de incluso elegir la propia religión. Queda por delante un camino de aceptación, hacia las diferentes posturas y propias vivencias del feminismo como movimiento social fruto de la desigualdad, y también de conciencia y difusión responsable de la información. Respecto a esto último, cabe señalar un aspecto positivo de la era de la sobre información: hoy sabemos, en tiempo real, qué sucede con nuestros pares del otro lado del mundo. El saber muchas veces no es suficiente, pero como dice el refrán no ocupa espacio, y es sin dudas un paso conciso y pujante de la demanda ciudadana hacia las agendas políticas de nuestros países.
DIPLOMACIA PRESIDENCIAL: ARGENTINA – ESTADOS UNIDOS
María Sol Calvento
Proyectar Nación
Al actual presidente de la República Argentina Mauricio Macri, se lo acusa, en diferentes medios y voces, de alinear las políticas aplicadas por su gobierno con los deseos neoliberales estadounidenses. Como si se tratara de una vuelta al gobierno de Carlos Menem de los ’90.
El presente artículo se basa en el análisis de la diplomacia ejercida por los diferentes presidentes de Argentina y Estados Unidos. Es decir, se analizan los acercamientos y acuerdos firmados entre Macri, Obama y Trump. Este análisis, además de ponernos en conocimiento de los temas de la agenda binacional, intenta mostrar si realmente existe una profundización de la relación Macri-Trump en analogía con la existente entre Macri y Obama.
Murales de la Estación Callao, hoja de contactos, archivo Martín Reyna.
Entrevista a la Dra. Daniela Lucena:
Durante los últimos días de Mayo, ya casi 20 días atrás, tuve el privilegio de viajar a la Ciudad de New York para estar presente en la conferencia de LASA 2016 (Latin American Studies Association). LASA reúne a investigadores de toda Nuestra América para compartir una increíble variedad de ponencias sobre una variedad de temas políticos, sociales, culturales, económicos, y literarios, entre otros. El presente artículo para Proyectar Nación es solo una muestra reducida de los trabajos presentados en la conferencia que tuvo más de 250 presentaciones distribuidas en paneles de diferentes combinaciones temáticas.
Entre las ponencias observadas, al margen de la que yo mismo presenté, tuve el placer de conocer el trabajo de muchos docentes, intelectuales e investigadores argentinos. La Argentina estuvo muy bien representada por medio de docentes provenientes de la Universidad de Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, Universidad Nacional de Tres de Febrero, Universidad Nacional de San Martín, Universidad Católica Argentina, y Universidad Torcuato Di Tella, entre otras.
Entre las muchas presentaciones de argentin@s, quisiera centrar nuestra atención al trabajo presentado por la docente e investigadora Dra. Daniela Lucena, docente de la Universidad de Buenos Aires, titulado “Estación Callao: performance en el espacio público de la Ciudad de Buenos Aires durante los años 80”, fue parte de un panel denominado “Revueltas de la memoria: activismos y militancias pos-autoritarias en los teatros/performance de Argentina y Chile (Parte 1)”. Con la intención de “desmontar, desde la práctica y la intervención de performática o teatral, los contratos sociales que sustentan los Estados pos-autoritarias de Argentina [foco del trabajo de la Dra. Lucena, y que] indaga los enclaves de emergencia de performance ciudadana” (LASA). Sigue leyendo LASA 2016 – Entrevista a la Dra. Lucena
Paraísos Fiscales y la Ausencia de Legislación Globalizada.
Proyectar Nación
Lic. Javier Carrizo
Parafraseando la archiconocida frase de Winston Churchill «La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando»[1] y complementándola con la no menos conocida frase del ortodoxo economista Adam Smith «Gracias a la apelación al egoísmo de los particulares se logra el bienestar general»[2]podríamos concluir que tendremos democracia y capitalismo por un buen tiempo al observar lo poderoso que resultan ambos conceptos en el mundo actual.
Adam Smith, también nos habló de la mano invisible del mercado que autorregula la economía, a lo que Friedrich von Hayek definió más elegantemente como “orden espontáneo”[3], que nos conduce a «una asignación más eficiente de los recursos de la sociedad que cualquier otro diseño pueda lograr».
Ahora bien, la humanidad ha probado empíricamente a lo largo de los años, que el capitalismo produce crecimiento económico y en ocasiones colabora con el desarrollo de una sociedad, por lo tanto, hasta que evolucionemos a un concepto diferente deberemos convivir con este sistema, sin embargo, se están produciendo algunas desviaciones que nos permitirían definir la existencia de otra mano invisible algo más “inmoral” que la que describe Smith, o un DES-orden espontáneo que magnifica las desigualdades del sistema.
SUSANA MALCORRA – LOS PRIMEROS 100 DÍAS COMO MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES, COMERCIO INTERNACIONAL Y CULTO DE LA REPÚBLICA ARGENTINA.
Proyectar Nación
María Sol Calvento – Pablo Andrés Gambandé
Área de investigación: Ciencia Política, Relaciones Internacionales y Política Exterior Argentina.
Interés de la investigación: Aumentar el conocimiento sobre los lineamientos de la Política Exterior Argentina a partir del cambio de gobierno.
Origen de datos: 1) Comunicados de prensa de la cancillería argentina (https://www.mrecic.gov.ar/es/comunicados-de-prensa) y 2) Medios de Comunicación en general.
ANÁLISIS:
Susana Malcorra fue designada como Ministro de Relaciones Exteriores Comercio Internacional y Culto de la República Argentina el 10 de diciembre de 2015 mediante el Decreto 02/2015.
Por su parte, el concepto de “los primeros 100 días de gobierno” no solo se refiere a una cantidad simbólica, sino que se emplea para indicar la llegada de un nuevo Gobierno con su propio proyecto político.
Es una transición de un estado o situación sociopolítico a una nueva situación que representará desafíos fundamentales como: 1) Mostrar el rumbo del cambio y 2) Identificar el grado de avance de las propuestas y concepciones ideológicas planteada.
Mostrar el rumbo, se refiere a dar una primera impresión sobre qué se pretende hacer, y cómo hacerlo, ante toda la sociedad. En este “mostrar” la clave es poder comunicar con éxito desde el gobierno hacia la sociedad y para ello son necesarias las relaciones con los medios de comunicación masiva.Sigue leyendo SUSANA MALCORRA – LOS PRIMEROS 100